8 – Trashumante

Me siento un trashumante.

Según el diccionario de la lengua castellana, vendría a ser una persona que cambia periódicamente de lugar; y yo añadiría otra descripción con la que me identifico muchísimo: apátrida.

No congrego con la imposición de fronteras, ni con cualquier tipo de barrera que limite el movimiento a las personas. Me resuena la percepción profunda de que nacimos como seres humanos libres y, en esencia, mi pleno convencimiento es que seguimos siéndolo. Y seguimos siéndolo cuando lo sentimos y actuamos como tales, aunque hacer realidad estas sencillas palabras es ardua tarea.

Y esto viene a cuento de que en el último periodo de tiempo de 10 meses he realizado dos cambios de viviendas. Y si he de remitirme a las dos mudanzas anteriores, tendría que hablar de 16 años. Y si cuento el total de techos que me han cobijado hasta el día de hoy, sumarían ocho.

Vivir en ocho espacios diferentes no es lo que me hace sentir más trashumante o apátrida, lo que realmente lo ocasiona es un anhelo profundo de rebeldía y libertad. Y este profundo sentir viene de muy lejos. Tan lejos, como la memoria almacenada en el núcleo de mis células.

Creo en la evolución de las especies, y es así porque el ser humano se adapta hasta extremos inverosímiles al entorno donde vive; no hay que mirar muy lejos para comprobarlo.

La Cuna de la Vida es el lugar de origen, según los científicos, de la humanidad y su ubicación está en el continente africano. Desde allí y en oleadas migratorias sucesivas a lo largo de miles de años, los diferentes futuros humanos se expandieron a través de todos los continentes.

También dicen los sabelotodo que estamos “diseñados” para estar en movimiento, y quizás este sea el motivo de que aparezca la rebeldía y ansia de libertad en mí.

Me siento muy bien cuando actúo con el pleno convencimiento de que soy un ser humano libre, y cuando sucede, todas mis decisiones nacen exclusivamente de mi esencia y sin ningún tipo de condicionamiento social. Y esto implica comportarse de un modo distinto a como lo hace la mayoría de la población.

La gran película de la vida se desarrolla en infinidad de escenarios y con multitud de actores, y algunos siguen el guión establecido y otros van por libres. Quienes lo siguen tienen escrito su caminar, y los que no lo hacen disfrutan de su libertad. Y no están bien vistos los que deciden no seguir el guión. Y los que lo aceptan, desearían encontrarse en el lado de los inconformistas. Y lo conseguirían si estuvieran dispuestos a tomar las riendas de su destino.

Siempre hay alguien que da el primer paso, sin él no se conseguiría dar el segundo, y luego el tercero, y así sucesivamente… Sin caminar no se abrirían caminos.

Y lo repito de nuevo, llevarlo a cabo es una ardua tarea.

Con todo este, llamémosle, juego de palabras, vengo a expresar que nadie regala nada ni nada llueve del cielo, todo hay que trabajárselo. Y para conseguir la libertad, o el máximo posible de ella, hay que arriesgar. Si no lo hubieran hecho aquellos primeros futuros humanos… ¿Qué sería de la humanidad actual?

Movimiento, una palabra con un significado muy potente y profundo. Ponerse en marcha, avanzar, desplazarse, ir de un sitio a otro, actuar, cambiar, modificar, transformar, evolucionar… cuántas connotaciones.

Me siento trashumante y apátrida porque, aparte de mi rebeldía y ansias de libertad, mis raíces no agarran en un solo lugar, las puedo llevar conmigo allá donde yo decida ir. Y en el camino que voy haciendo, voy aprendiendo, creciendo y evolucionando gracias a lo que me aportan los nuevos lugares y las distintas personas que se van cruzando conmigo. Y me doy cuenta que los humanos somos muy diferentes y que el aprendizaje es mutuo, siempre que ocurra entre seres libres y desde el respeto.

La gran película de la vida no para, incluso con la muerte, porque va mucho más allá del espacio de tiempo que dura una vida humana. La humanidad es una parte de ella y, aunque desapareciera, la gran película continuaría rodándose con actores y actrices diferentes, y puede que los géneros también fueran otros.

 

Antonio Arellano García

09/11/2018

Banyeres del Penedès

 

 

 

 

 

 

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