Frágil y vulnerable. 15/09/2020

Continúo sintiéndome frágil y vulnerable.

El viaje de mi vida es el recorrido de un guerrero, y no solo el mío, también el de cualquier ciudadano de los más de 7700 millones de personas que al día de hoy, 15 de septiembre de 2020, viven en la tierra.

Vivir es viajar, con poco o mucho movimiento, incluso si se está parado.

El movimiento ayuda a sanarme, gracias a él, me veo desplazándome en diferentes tipos de transporte, y algunos no son físicos, ni tan siquiera visibles.

Y no es mi cuerpo quien únicamente se mueve.

Mi percepción está extraordinariamente limitada.

¿De Cuántas capas diferentes estoy formado?

Infinitas Capas superpuestas de una memoria celular ancestral.

La información que hay en mí no es exclusivamente mía, viene heredada de millones de otras personas que viajaron como pudieron.

Y gracias a ellos dispongo de la oportunidad de sanar heridas que igualmente les afectaron.

Y sigo supurando y derramando ingentes cantidades de fragilidad y vulnerabilidad.

Y no es malo, todo lo contrario, es bueno para mi propia y personal evolución. Aunque me pique.

Y para todas las personas que lo vivan con consciencia.

Antes de nacer, ¿dónde estaba?

Y después de morir, ¿dónde me situaré?

¿Qué más da?

Lo que importa es el viaje de la vida. Antes o después es similar… porque es el mismo espacio de donde vine y el mismo hacia donde regresaré y regresaremos.

Yo mismo, desde otra dimensión, me pongo las pruebas que en el viaje de la vida viviré. A medida que avanzo, todas las experiencias  son las correctas para mí, porque desde aquel otro sitio yo lo decidí.

Y aparecen determinadas personas que, aceptándolas o no, van a cruzarse en mi camino tarde o temprano, por mucho que me niegue a ello.

Ellas surgirán en mi caminar y yo en el suyo. Es inevitable.

Avanzamos, vivimos, nos cruzamos, interactuamos y aprendemos, o no. No aprender también es tomar una decisión.

Y cada día que viajamos está pleno de millones de instantes en los que podemos tomar una decisión.

Una decisión que podría cambiarlo todo.

Y ahí reside una gran parte del potencial del que disponemos. En Tomar una decisión.

Mi viaje sigue y deseo hacerlo conscientemente hasta el final de mi vida física. Viviendo mis luces y mis sombras.

No deseo ofrecer exclusivamente mis sonrisas, también mis lágrimas.

Si acepto mi plenitud como ser, también acepto mi mediocridad.

Y si observo mi ego, lo contrarresto con la humildad.

En ocasiones atravieso vergeles, en otros momentos desiertos, y tanto en unos como en los otros, aprendo que no nunca son permanentes.

Porque llega un instante en el que todo lo que vivo desaparece o se transforma.

Y eso ayuda a sanarme.

Las penurias son necesarias.

Y los momentos de abundancia también.

El viaje no para, avanzando o retrocediendo.

Y me veo a mí mismo y a todos mis ancestros, porque en mi viaje están ellos y ellas. Forman parte indivisible de mí. Me gusten o no me gusten.

Más los rechazo, más me parezco a ellos y a ellas.

El dolor es inevitable y el sufrimiento opcional.

Si me quedo en el papel de la víctima, también tomo una decisión.

Y si me responsabilizo de todo lo que me ocurre sin echarle la culpa a nadie, igualmente tomo una decisión.

Y se trata tan solo de tomar una decisión.

¡Qué gran diferencia tratándose de una sencilla decisión!

Aunque ponerle la palabra sencillo es muy fácil.

Y tampoco es complicado.

Desde la fragilidad y vulnerabilidad me siento libre. Libre de ofrecer mi auténtica esencia, la pura y cristalina, la de la persona que se reconoce como un junco o caña de bambú mecido por el viento.

Flexible y expuesto a los elementos de la intemperie.

A veces me hacen llegar casi al suelo y en otros momentos me mantengo en paz y quietud, observando todo lo que sucede a mí alrededor sin juzgarlo.

Y no solo observo lo que ocurre delante de mis ojos, también observo lo que ocurre dentro de mí.

Y lo que ocurre dentro de mí, no me incumbe a mí solo, ahí habitan millones de experiencias acumuladas de mis antepasados.

Y ahí se manifiestan las ingentes luces y sombras.

Desde mi fragilidad y vulnerabilidad me reconozco y los reconozco a ellos. Me emociono por simplezas y las lágrimas afloran sin saber porque exactamente lo hacen.

No se trata de qué es lo que hacen los demás, la cuestión es qué es lo que hago yo.

Me faltan palabras. Y las palabras están sobrevaloradas. Hoy lo escuche en una película que me tocó el alma, y evidentemente iba de viajes.

Toni arellano.

Dj ecstaticorazonsalvaje.

15 de septiembre de 2020.

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